Desventajas de un Sindicato

«¿Para que sirve el sindicato, cuando todas las ventajas que consigue subiendo los salarios quedan aniquiladas por un alza inmediata de precios?»

En un régimen anárquico la objeción puede tener pleno valor, esto es si no se toman medidas para hacer real el alza de salarios; pero aunque al alza de salarios corresponda un alza de precios, si los nuevos jornales han estado bien estudiados, no llegan a ser anulados por el mayor costo de la vida. Por otra parte las exigencias de los asalariados no suponen necesariamente que la industria haya de alzar los precios. Antes de adoptar esta medida debería revisar la repartición de utilidades de la empresa, una buena parte de las cuales va hoy día a inversiones innecesarias: edificios de lujo, reparto de utilidades excesivas, propaganda inútil y cara, mantener una competencia loca. Una reducción de estas partidas puede permitir un alza de salarios sin alzar el precio. Esta fue la política sugerida por el Presidente Truman a las industrias norteamericanas al terminar la guerra última: debían alzar sus salarios sin aumentar el precio de los productos, pues la utilidad era ya excesiva. Como reclamara la industria, propuso un tribunal que investigara los hechos alegados.

Los reclamos de los asalariados llevan también a los patrones a realizar un progreso industrial y comercial, los incitan a buscar medios mas económicos para producir, a economizar materias primas y energía, etcétera.

“Los sindicatos sólo sirven para estimular la lucha de clases y para hundir la industria».

Esto no es verdad sino cuando se introduce determinada política en el sindicato o bien cuando el patrón rehúsa sistemáticamente reconocer las asociaciones gremiales y se niega a tratar con ellas. Pero ordinariamente la vida sindical lleva a obtener contratos colectivos entre las organizaciones patronales y las de los asalariados, a establecer y aceptar el fallo de tribunales arbitrales, a una colaboración metódica de los dirigentes de los grupos patronales y obreros. Los asalariados cuando saben que sus intereses están bien defendidos, que su dignidad es respetada, que su seguridad está garantizada, son, por lo general, hombres pacíficos, sin aspiraciones revolucionarias. La experiencia de los principales países industriales lo prueba bastante. Más aun lo confirma la experiencia de los grandes industriales que han llegado a convencerse que para el bien mismo de la industria, para que sean respetadas las convenciones, es mejor tratar con un sindicato fuerte, bien organizado, que con uno mediocre.




Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

A %d blogueros les gusta esto: